Salir de la liminalidad
: En Seis lecciones de dibujo William Kentridge menciona el caso de una exhibición sobre la vida cotidiana de los pueblos bosquimanos. Al principio fue expuesta en el museo de historia natural de Ciudad del Cabo, pero cuando se impuso un nuevo consenso antropológico el primer reflejo fue trasladar la exhibición a un museo de historia cultural. Más tarde apareció alguien en representación de los descendientes de los modelos de la exhibición diciendo que era más congruente con sus creencias representarlos junto a los animales. Al final la exhibición quedó juntando tierra en un depósito.
Kentridge encuentra un valor oculto en el resultado:
“¿En qué espacio se les brinda el debido respeto? En ambos y entre los dos, me atrevería a decir. Si estuviesen estables y cómodamente instalados en uno de los dos, no sería correcto. Solo en la inestabilidad del movimiento, en el limbo del traslado y de esa inestabilidad, en el espacio entre dos certezas, están donde corresponde.”
Esa condición es la liminalidad. La popularización del término llevó a que su sentido haya quedado un poco desdibujado, pero no me parece que haya que desecharlo. Es más, creo algunos lo necesitamos para reconocer y evitar algo que puede consumir nuestras vidas.
: Una de las cosas que me gustan del artículo de Bruce LaBruce sobre el camp es que empieza con una lista. Más allá del placer de la enumeración, es un gesto de generosidad al escribir un ensayo dejar claro desde un principio de qué se está hablando. Voy a tratar de seguir su ejemplo:
Liminal es
- un departamento en venta pero habitado, subamueblado y con todo salvo lo esencial metido en cajas.
- el intervalo entre abandonar una ambición y sentirse digno de otra.
- una institución que funciona en un vacío legal, a la espera de una normalización incierta.
- una sexualidad exploratoria, pre-identitaria.
- una relación confusa que se extiende durante muchos años sin que ninguno de los dos sepa como presentarla frente a los terceros.
- la situación de las personas sin convicciones propias en un momento de crisis de los consensos establecidos.
- la intersección de la 9 de julio y la 25 de mayo.
Liminal no es:
- sinónimo de hauntológico. Aunque comparte un status ontológico precario y delimitado externamente, lo liminal no está marcado por una compulsión que remite a un pasado traumático, ni ejerce una eficacia virtual sobre lo que todavía no es.
- una experiencia sin consecuencias donde todos los movimientos son reversibles. La noción homóloga a lo liminal dentro de los límites de un juego es lo liminoide.
: El concepto de liminalidad fue introducido por el folklorista van Gennep en su libro Les rites de passage, donde dividía los ritos de paso de sociedades preindustriales en tres fases: separación, margen (o limen), y agregación. Es un libro de lectura ágil, bien organizado (la teoría y los casos en capítulos distintos), y con una tesis original. Lo leo en una tarde dejando notas en un archivo de texto.
Vuelvo a las notas que tomé hace unos años de The ritual process, el libro que popularizó el concepto en antropología. En él Victor Turner observa que las experiencias del margen producen una camaradería intensa entre quienes pasan por ella, a la que llama communitas. En la búsqueda de un cero desde el cual reconstruirse, los sujetos liminales aceptan reducirse a un denominador común, a un estado de indiferenciación que históricamente habría inspirado a muchos grupos a perseguir una idea política de igualdad.
Dos de los ejemplos favoritos de Turner son los hippies (The Ritual Process salió en 1969) y la orden franciscana. El cristianismo en general le parece el mejor ejemplo de una tendencia de las grandes religiones a instaurar un estado de liminalidad permanente, pero está lejos de ser el único. También observa dos direcciones distintas en los intentos de habitar el margen de lo ritual: mediante la imitación de los ritos de elevación de status (matrimonio, entronización, iniciación) con el consecuente énfasis en el autocontrol, el communitas y la búsqueda de unión mística, o tomando los atributos de los rituales campesinos de inversión de status (lo carnavalesco).
: Pareciera que entre esas instancias premodernas y la apreciación estética de espacios urbanos desiertos en r/LiminalSpaces, r/deadmalls, o @Argenliminal hubiera un abismo insalvable. Que es imposible usar un mismo concepto para dos fenómenos tan distintos sin distorsionarlo. Pero creo que esa impresión es falsa, y que el gusto contemporáneo por esas imágenes es una expresión fugaz pero genuina de una experiencia del limen. Incluso encuentro una aplicación más rigurosa del concepto ahí que en algunos papers académicos donde lo aplican a cualquier cosa.
En esas microestéticas contemporáneas de lo liminal distingo dos miradas diferentes:
Una forma de leer esas imágenes está teñida por el rechazo. Siguiendo esa dirección se encuentran los creepypastas de las backrooms y su explotación comercial en VJs de horror. Podría haber una invariante antropológica por detrás de esta perspectiva: Mary Douglas observaba que lo que cae en los intersticios de la clasificación tiende a ser considerado impuro y peligroso. En esta lectura, la tensión inherente a la liminalidad es precipitada mediante el recurso del horror. El placer de esas imágenes, entonces, es una forma de morbo.
Hay otra forma de apreciarlas, marcada por una especie de añoranza, un deseo condenado al fracaso de habitar el lugar de tránsito. En vez de librarse violentamente de la tensión, esta lectura busca incorporarla o identificarse con ella. Por debajo hay una sensibilidad que busca resignada en las imágenes de espacios inhabitables algún elemento de familiaridad.
Si quisiera rescatar a toda costa la terminología de Turner diría que la primera toma partido por la estructura social y la segunda por el communitas. Pero no sirve porque en este punto sí hay un abismo entre la experiencia del margen en sociedades pre-modernas y en las contemporáneas. Las apreciaciones estéticas tienen en común la ausencia tanto de un marco ritual como de una experiencia de communitas. No hay un estado final prescripto por alguna fuerza numinosa, ni siquiera por un consenso social, y así aparecen las tentaciones de precipitar una resolución evocando al horror o de fundirse con la tensión subyacente. Puede aparecer la huella de un momento perdido de integración (como en el caso de las fotografías de dead malls) pero en el presente hay un elemento común de aislamiento y soledad. Lo liminal aparece como un momento suspendido entre dos lugares que ya no existen.
: ¿Dónde están los ritos de paso en la sociedad contemporánea?
Por todos lados.
El imperativo del autodiseño sobre el que escribe Boris Groys no es satisfecho por un estado de liminalidad constante, sino por una sucesión de ajustes. El sujeto que se adecúa a ese mandato no es el que intenta refugiarse en el limen, sino el que lo atraviesa repetidamente sin vacilar ni tropezarse. Los ritos de paso no desaparecieron, se atomizaron y dispersaron en arreglo a una exigencia de mayor precisión identitaria.
Uno de los motivos detrás de una huida al margen es esa demanda intensificada de identificarse; no solo de devenir, sino de estudiarse y de presentarse como lo que se es.
Para algunos el esfuerzo es grande y poco gratificante, pero la alternativa es perderse en un laberinto sórdido de viaductos, puentes peatonales, terminales de ómnibus, estaciones de trenes y galerías comerciales en decadencia.
La elección es fácil.


